Lo asusta sentir que ella no lo toma en cuenta. Lo descoloca saber que no se hablan a pesar de que deberían. Le duele, los momentos de fría agonía de la comunicación, quizá no fue la mejor elección. Lo compadesco, de sentirse tan mierda como se siente ahora. Lo siente, como ese silencio desgarrador apuñala su pecho como una daga oxidada. Suspira, un verso tras otro, pensando en una próxima leída. cabizbajo, con el puño dolorido de tanta letra contenida. Se libera, y sabe que de un momento a otro todo volverá a ser lo mismo.
Tiene miedo, mientras ambos están mejilla y mejilla, ninguno de los dos dice nada.
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