29 de diciembre de 2010

Buta la weá.
Yo sé que esa flecha que atravezó el segundo, debería ser la punta, la punta de la flecha, la que cruzó el pasado de polo a polo, fue la que me hizo recordar, y saber, y resaber, qué fue lo que pasó.
Quince segundos, terceros o cuartos, qué más da, cuantos cigarros han pasado ya. Espero que estés bien. Un café, un azul, un morado, y qué más podríamos buscar. Una tarde de arena, una foto en sepia, una despedida dulce, egoísmo mágico, pelea, peleas, peleas. Hoy me recuerdo (te), estás de sombra, de luna, de noche, estás calmada, sobre las piedras de la vida, no soy quién era, coma, punto.
¿Seré yo tu letra?. tus heridas en mi cicatrizan, pero están. Las había olvidado. Sentí el frío del viento acuchillándome el pecho otra vez, otra vez, como en invierno siempre pasaba, como en el frío se acostumbraba. Gritan las hojas y el viento en busca del invierno pasado, pero ya no hay viento, ya no hay invierno, ya no hay ahora.
Cómo mata el viento norte.

5 de diciembre de 2010

cuando te diga la verdad, te pido, ahora, no me mires a los ojos. suspírame un tiempo y vete. No quiero ver tus lágrimas gritando por mi mano, porque yo también lloraría, yo también lloraría. y quizás no estés ahí, y sólo vea tu cuerpo, nada más. no quiero más. cómo matan las palabras, escribir es suicidarse, las letras están muertas. no hay letras para ti, no las hay.